Dice Trump que no culpen a las armas 

November 7, 2017

El asesino de la iglesia baptista Sutherland Springs, en Texas, fue dado de baja en la Fuerza Aérea, estuvo 12 meses en prisión y también tenía problemas familiares. Devin Kelley, tomó un rifle, un chaleco antibalas y se fue, como quien sale a cazar fieles, a la iglesia adónde iba su suegra a buscar cercanía con Dios. El asesino además había sido acusado de violencia doméstica.

Kelley habría podio tener todos los problemas del mundo, pudo haber confrontado situaciones difíciles en la milicia, pudo estar en guerra con su familia, pero si no hubiera tenido la oportunidad de tener un arma de alto calibre y de saber su manejo tal vez a la perfección, a lo mejor no hubiese tenido el chance, de una manera tan fácil, de cometer el terrible hecho de sangre.

Una de las declaraciones de Trump, ofrecida tal vez con antelación, se refería a que el crimen se debió a problemas de salud mental y a la maldad, pero lo que más contradicciones podría generar, es lo expresado por el mandatario de que “no se culpen a las armas” por la matanza.

Todos los problemas que pudo haber tenido Kelley y lo dicho del presidente de los Estados Unidos, de que no culparan a las armas, nos lleva a hacer algunas preguntas ¿A qué culpar, si entre los 26 fallecidos hay niños desde los 18 meses de edad, o sea, de apenas un año y seise meses de vida? ¿A qué culpar, sino a las armas, de que en la iglesia se encontraba Anabela Rene Pomeroy de apenas 14 años? ¿Quién era ella? Nada más y nada menos que la hija del pastor de la iglesia. “Annabelle era una niña muy bella y especial”, dijo su padre, el pastor Frank Pomeroy. ¿A quién culpamos, si entre los fallecidos hay varios niños inocentes? ¿A quien culpamos, si entre las víctimas se cuenta a una mujer embarazada, es decir, que Devin Kelley también acabó con una futura vida?

Lo expresamos en un artículo anterior, que vendría el tema de las armas, pero si el presidente de la nación es el primero que le tira la toalla a la industria y al negocio, entonces no hay duda: el macabro carnaval seguirá su agitado curso.

 

 

 

 

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