Pero podrían recibir la pena de muerte

October 24, 2017

A veces vemos cómo una persona comete un crimen acercándose a la víctima con una jeringuilla e inyectándole algún tipo de sustancia. En otras ocasiones, el asesinato se ejecuta colocando un pañuelo en el rostro de la víctima. Por supuesto, son escenas de ficción: lo vemos en películas.

La vietnamita Doan Thi Houng y la indonesia Siti Aisyah,  fueron llevadas a recorrer la escena de un espectacular asesinato. Ambas están acusadas de matar, con un agente letal, al hermano de Kim Jong Un (presidente de Corea del Norte), Kim Jong Nam. El hecho ocurrió el 13 de febrero del presente año. Las acusadas causaron un revuelo mientras recorrían algunos lugares del aeropuerto de Kuala Lampur, acompañadas de un fuerte contingente de seguridad,  portando ellas chalecos antibalas.

Kim Jong Nam se trataba de utilizar una tarjeta cuando las dos mujeres se le acercaron y estrujaron sus manos, que portaban un veneno mortal, en el  rostro de la víctima. Cualquier persona que vio el forcejeo quizás lo pasó desapercibido, pues Kim Jong siguió caminando.

Las mujeres se declararon no culpables y alegan que fueron engañadas, pues creían que participaban en un programa de televisión. Sin embargo, inmediatamente perpetraron el ataque, ambas salieron de manera rápida a lavarse las manos para retirar la sustancia, la cual pierde su efecto ante abundante agua. Kim Jong, luego del altercado, siguió caminando, pero luego murió mientras recibía atenciones medicas.

Además de las dos acusadas, hay 4 hombres más involucrados en el crimen, todos se encuentran prófugos.  Con datos suministrados por las procesadas,  se identifican como   “Mister Y” y “Mister Chang”, que fueron quienes facilitaron el veneno a las asaltantes, otro es “James”, la persona que reclutó a las damas y “Hanamori”, que se presume fue el coordinador del plan.

El hermano del presidente coreano vivía en el exilio, por lo que su muerte y la forma en que ocurrió, levantó muchas sospechas.  De ser halladas culpables, estas dos mujeres podrían pagar son sus vidas un crimen que es propio del más  fantástico mundo del espionaje, de ese muy vigente en el apogeo de la Guerra Fría.

Si recibieron alguna importante cantidad de dinero para cometer el hecho,  Doan Thi Houng y Siti Aisyah, no podrán disfrutarlo, pues aunque no mueran de la misma manera que su víctima: envenenadas, al final el resultado será el mismo.

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