Pobre niña, mierda de país

November 9, 2017

Todos recordamos el furor, el sensacionalismo, el morbo y el impacto de uno de los crímenes más sonados y famosos de los últimos 30 años ocurridos en República Dominicana: el asesinato del niño Llenas Aybar.

Hijo de una familia de clase media alta, José Rafael Llenas Aybar fue muerto a puñaladas y de su asesinato fueron acusados, procesados y llevados a la cárcel, Mario José Redondo Llenas, primo de la víctima, y Juan Manuel Moliné Rodríguez. Este último, caso no muy frecuente en la selva dominicana, cumplió su condena, mientras que Mario José, condenado a 30 años, aún sigue en prisión. El caso se mantuvo en la prensa, con el amarillismo como ingrediente, el cual rallaba en lo insólito.

Sobre el horrendo crimen se tejieron mil y una historias, que iban desde el sexo, actividades relacionadas con una secta diabólica, llegando hasta la participación, de alguna manera, del poder político.

Contrario al lamentable caso que costó la vida al jovencito Llenas Aybar, Karla Massiel, una niña de extractos muy humilde, fue raptada y posteriormente asesinada. Se presume que sus verdugos le quitaron la vida para extraer algunos órganos de su cuerpo. Del hecho se acusa a una familia de médicos y a un centro de salud de su propiedad. Recientemente, la audiencia del caso fue reenviada, lo que ha ocurrido en más de 5 ocasiones con  los familiares de la niña sufriendo todos tipos de percances. Mientras la justicia se dilata y algunos hacen sus sucios rejuegos, los autores materiales e intelectuales de la muerte de Karla Massiel siguen obteniendo éxito para que esta no llegue.

José Rafael Llenas Aybar, un niño de familia pudiente, Karla Massiel, hija de personas de escasos recursos económicos. José Rafael Llenas Aybar vivía en un sector privilegiado de la ciudad capital, Karla Massiel vivía en Pedro Brand. José Rafael Llenas Aybar, estudiaba en un colegio de clase alta, Karla Massiel, una niña que tal vez asistía a la escuela pública. Dos niños, la misma historia: la muerte les llegó a temprana edad. Dos niños, una familia que encontró justicia, una que quizás nunca vea a los asesinos de su hija pagar por tan horrendo crimen.

Esa es Republica Dominicana, una selva donde los malvados y malditos casi siempre se salen con la suya.

 

 

 

 

 

 

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